Tiempo, me llamas. Antes
eras
espacio puro,
ancha pradera.
Hoy
hilo o gota
eres,
luz delgada
que corre como liebre hacia las zarzas
de la cóncava noche.
Pero,
ahora
me dices, tiempo, aquello
que ayer no me dijiste:
tus pasos apresura,
tu corazón reposa,
desarrolla tu canto.
El mismo soy. No soy? Quien, en el cauce
de las aguas que corren
identifica el rio?
Solo sé que allí mismo,
en una sola
puerta
mi corazón golpea,
desde ayer, desde lejos,
desde entonces,
desde mi nacimiento.
Allí
donde responde
el eco oscuro
del mar
que canta y canto
y que
conozco
sólo
por un ciego silbido,
por un rayo
en las olas,
por sus anchas espumas en la noche.
Así, pues, tiempo, en vano
me has medido,
en vano transcurriste
adelantando
caminos al errante.
Junto a una sola puerta
pasé toda la noche,
solitario, cantando.
y ahora
que tu luz se adelgaza
como animal que corre
perdiendose en la sombra
me dices,
al oido,
lo que no me enseñaste
y supe siempre.
Pablo Neruda.